martes, 10 de julio de 2012

Recuerdos de hace un tiempo...

Deja de pensar, deja de pensar, me repito a mi misma.
No es que no lo intente, de verdad que la intención ahí está pero es inevitable. Mi interior se da la vuelta, mi furia aumenta y entonces sólo hay color de azafrán.
Azafrán fuerte, azafrán contrario a todo lo que yo concebía como azafrán pero sin embargo ahí estaba, siempre estuvo y sólo se recuerda a raíz de verte en otras manos. Otras manos putrefactas que aún pareciendo bellas apestan, pero el azafrán no aprecia su esencia y no recapacita ni se preocupa de impregnarse de tal hedor. Ni mucho menos, el azafrán y la peste parecen estar en armonía, hechos el uno para el otro.
Si el azafrán dejase de fijarse en la apariencia de esas manos que lo arrancan de su origen únicamente tras florecer... ¡Ay si el azafrán abriera los ojos, si se diese cuenta de que fue bello desde que era aún un capullo sencillamente por el hecho de ser ese preciso azafrán! 
Si se diese cuenta de cómo las demás flores y animales lo admiraban desde su nacimiento porque su belleza no es de su simple florecimiento si no de su esencia en sí, todo lo que siempre fue él, lo que nunca cambia, lo que aún no está perdido...
El día que su hermosura le parezca insignificante comparada con su forma de actuar, el día en que se fije en todos los que le admiraron y siguen haciéndolo por ser él con más o menos pétalos... 
Oh... Aquel día puede que sea demasiado tarde y las puercas manos le hayan ensuciado tanto que consigan que sea imposible la vuelta a su origen, a lo que siempre fue...


El retorcimiento por mi parte ante el intento del azafrán de impregnar su fragancia en tal apestoso receptor es sumamente repugnante, la única vía que parece correcta es la de no pensar...
No pienses, no pienses, no pienses... mente en blanco, blanco, blanco.... azafrán ...
Mente en azafrán.

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